Las costumbres y tradiciones de un pueblo, van más allá del simple concepto con que los podamos definir; se trata de un arraigado sentimiento a todas aquellas actividades que identifican al individuo como parte de un grupo, una sociedad en la que es aceptado y en donde se le asigna cierto prestigio. Los edificios, esculturas, plazas, casas, templos y vestigios arqueológicos, son parte del testimonio tangible que los individuos dejan al paso de los años.
Hay un sin número de tradiciones y costumbres en cada pueblo[1] que se caracterizan de manera particular en expresiones como la música, el folklore, la comida y sus diferentes manifestaciones en las bellas artes, en donde cada individuo, de una u otra manera participa, de forma consciente o inconsciente, voluntaria o involuntariamente, convirtiéndose en un factor importante dentro de su desarrollo como sociedad; al respecto se han creado diferentes instancias, programas y proyectos como la Dirección General de Culturas Populares, la cual tiene entre sus objetivos fortalecer y reorientar tareas con sustento en la diversidad cultural y el patrimonio intangible, así como generar una práctica pública específica y sistemática para incidir en el reconocimiento y la preservación del patrimonio cultural inmaterial a través de la articulación transversal de acciones en un Programa de Inventarios del Patrimonio Cultural Intangible[2].

En este periodo tan acelerado de cambio, este campo se está transformando porque la cultura es la materia prima con la que se construyen las visiones de mundo, de ahí los actuales conflictos culturales tan intensos para reorganizar un mundo en globalización (Arizpe 2004:13); el resultado fue un aumento marcado de conflictos religiosos y culturales alrededor del orbe, el cual ha llevado a una oleada de atentados al patrimonio cultural, por representar a la “cultura enemiga”, por ejemplo vemos la destrucción de los budas de Bamiyán en manos de los talibanes, entre muchos más (idem :15). Un importante reto para comprender el patrimonio cultural reside en el hecho de que un monumento o práctica suele estar asociado a una sola cultura, pero esto dista de ser una descripción precisa de lo que sucede en realidad. Al enfocarnos en tal perspectiva se tiene la impresión de que el mundo es un “mosaico de culturas” (idem: 39), es decir resulta complicado estudiar actualmente las culturas como un fenómeno homogéneo debido al problema de la globalización que atormenta[3] a la mayor parte de la población del planeta, ya que tenemos culturas totalmente mezcladas como los afro-americanos, amerindios, chinos-canadienses, por mencionar algunos. Es entonces que resulta inevitable que la interacción con nuevas tecnologías, la industrialización y por supuesto, las costumbres de otros pueblos, termine por cambiar algunas tradiciones, por lo que es muy necesario preservarlas, protegerlas y difundirlas como parte de un legado que se hereda generación tras generación.
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